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Hábitos

Cómo cuidar la próstata después de los 45

8 de noviembre de 20266 min de lecturaPor Santiago · equipo Sebian Lab
Portada del artículo: Cómo cuidar la próstata después de los 45

A casi ningún hombre le gusta hablar de la próstata, y por eso muchos se acuerdan de ella cuando ya hay algo que molesta: levantarse dos o tres veces en la noche, un chorro que no arranca, la sensación de que la vejiga nunca queda vacía. Cuidar la próstata después de los 45 no es complicado ni caro. Son seis frentes que se pueden revisar con calma, y casi todos dependen de ti.

Por qué los 45 son buen momento para empezar

La próstata es una glándula pequeña que rodea la uretra, el tubo por donde sale la orina. Con los años tiende a crecer, y como está justo en ese paso, cualquier aumento de tamaño se nota al orinar. Que crezca es parte del envejecimiento normal y no significa cáncer, pero sí es la razón por la que los urólogos insisten en revisarla a partir de cierta edad. Si quieres entender bien qué cambia, lo explicamos en «Qué es la próstata y qué cambia en ella después de los 45». Empezar a cuidarla cuando todavía no molesta tiene una ventaja: llegas a la consulta con preguntas y no con afán.

1. El chequeo: una cita que no se aplaza

El primer frente es el más sencillo y el que más se deja para después: pedir cita con el médico general de tu EPS y, si hace falta, con el urólogo. En esa consulta se habla de tus síntomas, de tus antecedentes familiares y de los exámenes que te convienen, como el antígeno prostático (PSA) o el tacto rectal. Cada cuánto repetirlos depende de tu edad, tu historia y lo que encuentre el médico; esa decisión es suya contigo, no de un artículo.

Vale la pena ir con una lista. Anota cuántas veces te levantas a orinar en la noche, si el chorro es más débil que antes, si sientes ardor y si alguien en tu familia, papá o hermanos, ha tenido problemas de próstata. Si no sabes qué preguntar, en «Siete preguntas para llevarle al urólogo» dejamos una guía para no salir de la cita con dudas.

2. El peso y la cintura

La barriga no es solo un tema de pinta. El exceso de peso, sobre todo el que se acumula en la cintura, va de la mano con más problemas de azúcar, presión y colesterol, y esos problemas también afectan la salud urinaria del hombre. No hace falta una dieta de revista: menos gaseosa y jugos con azúcar, porciones más pequeñas de arroz, papa y arepa en la misma comida, más verduras en el plato y menos fritos entre semana. Si quieres ordenar la parte de las grasas, empieza por «Grasas buenas y malas: qué poner en el plato».

3. Moverse todos los días

Pasar el día sentado, en el carro, en la oficina o frente al televisor, no le ayuda a nadie. Caminar a paso rápido, montar en bicicleta, nadar o hacer la rutina del parque suma, y lo importante es que sea algo que puedas repetir la mayoría de los días. Moverse ayuda con el peso, con el ánimo y con el sueño, y dormir mejor también hace más llevaderas las noches. Si tienes dolores de rodilla o de espalda, pregúntale al médico qué ejercicio te conviene en lugar de no hacer nada.

4. Lo que se toma en la noche

Aquí está uno de los cambios que más se notan. El alcohol y la cafeína hacen que el cuerpo produzca más orina y pueden irritar la vejiga. Si te tomas el tinto a las siete de la noche o unas cervezas viendo el partido, es probable que lo pagues con viajes al baño de madrugada. No se trata de prohibir nada, sino de mover los horarios:

  • Deja el último tinto para media tarde.
  • Si vas a tomar alcohol, que sea poco y lejos de la hora de dormir. Y si hay aguardiente de por medio, con comida y con agua en la mesa.
  • Toma la mayor parte del agua del día en la mañana y en la tarde, no toda junta antes de acostarte.
  • Orina antes de ir a la cama, aunque no sientas muchas ganas.
  • Revisa con tu médico si algún medicamento que tomas en la noche, como los diuréticos, puede cambiar de hora.

Las causas de esas idas al baño de noche no siempre están en la próstata; lo contamos en «Levantarse de noche a orinar: causas de la nicturia en hombres». Y qué pasa con el picante y el café está en «Próstata, café, alcohol y picante: qué cambia».

5. No ignorar las señales

Muchos hombres se acostumbran a orinar mal y lo toman como algo normal de la edad. Algunas señales no se deben dejar pasar y merecen cita pronto:

  • Sangre en la orina o en el semen.
  • Ardor o dolor al orinar, sobre todo si viene con fiebre.
  • No poder orinar aunque tengas ganas: eso es para urgencias.
  • Un chorro que se vuelve cada vez más débil o que se corta.
  • Dolor en la parte baja de la espalda, la cadera o entre las piernas que no se explica por otra cosa.

Sobre el chorro débil y lo que puede significar, tenemos una guía aparte: «Chorro de orina débil: qué puede significar». Lo importante es que ninguna de estas señales se resuelve esperando ni con un suplemento.

6. Dónde entra la semilla negra

La semilla negra es uno de los suplementos que más se mencionan cuando se habla de próstata, y conviene decir lo que hay. El estudio más citado se hizo en ratas: 50 animales a los que se les indujo un crecimiento de próstata con testosterona, y el aceite de semilla negra frenó en parte ese crecimiento dentro del modelo. Es una pista interesante, pero no hay ensayos publicados en hombres que muestren lo mismo. Lo explicamos completo en «Semilla negra y próstata: qué se sabe y qué no».

Por eso, si decides tomarla, ponla en el lugar que le corresponde: un hábito más dentro de la rutina, al lado del chequeo, el peso, el movimiento y los horarios. No en lugar del urólogo ni de los medicamentos que te formulen. Y si ya tomas algo para la próstata, la presión o el azúcar, cuéntale a tu médico antes de sumarla.

Si quieres sumarla a tu rutina, nuestra semilla negra es aceite etíope en cápsula blanda, en frasco de 60. Se toma la dosis que indique la etiqueta, con comida, y llega a toda Colombia.

Fuentes

  1. Sadeghimanesh A y cols. (2021). Inhibitory effects of Nigella sativa seed oil on the testosterone-induced benign prostatic hyperplasia in rats. Biomedicine (Taipei). Consultado el 25-oct-2026.

Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de salud. La semilla negra es un suplemento dietario: no es un medicamento y no previene, trata ni cura enfermedades.

Foto de portada: Vlada Karpovich, en Pexels.